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Acéptate

10 pautas para sentirte bien contigo mismo.

Esta semana ha sido comentario común la actriz  Renee Zellweger, un sorprendente cambio físico ha sido la causa.

No voy a meterme en valorar razones, resultados ni siquiera mi opinión. Pero sí lanzo una invitación a la reflexión.

¿Cómo te ves?

Acéptate

¿Te aceptas? ¿Te quieres? Sigue leyendo 10 pautas para sentirte bien contigo mismo.

Metáfora de la carreta vacía

 

Alejandra caminaba con su padre cuando éste, de repente, se detuvo en una curva del camino. Después de un breve silencio le preguntó:- Además del cantar de los pájaros, ¿qué oyes Alejandra?

La niña paró, aguzando sus oídos. Después de unos segundos respondió:

– Papá, estoy oyendo el ruido de una carreta que se acerca.

– Muy bien – respondió su padre -. Tienes razón, se está acercando una carreta vacía.

Alejandra, asombrada, preguntó a su padre:

– ¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la has visto?

Entonces el padre respondió:

– Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por el ruido que hace. Cuanto más vacía está la carreta, mayor ruido hace.

Alejandra se convirtió en adulta y, siempre que veía una persona interrumpiendo una conversación y hablando demasiado de sí misma, de forma inoportuna o violenta, o presumiendo de lo que poseía, tenía la impresión de oír la voz de su padre diciendo:

– Cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace.

Autor desconocido

Todos conocemos a alguien  que nunca deja de presumir de lo que posee o que habla siempre de sí misma. Nadie está más vacío que aquel que solamente está lleno de sí mismo.

Seamos humildes, reconozcamos lo que somos, lo que tenemos y agradezcámoslo. No nos vanagloriemos ni presumamos de ello, o correremos el riesgo de que nuestra carreta se vaya vaciando.

La Carreta vacía
La Carreta vacía

Usted ríe poco

Érase un hombre que vivía agobiado, lo estaba pasando mal y pensaba que estaba al borde de una depresión.

Decidió visitar a un psicólogo.

Al psicólogo le contó que estaba temía salir del trabajo, en su día a día era lo que más miedo le daba: mientras trabajaba, todo iba bien, pero cuando llegaba a su casa, empezaba a ponerse nervioso, se agustiaba, sentía vértigo, se mareaba.

Él no sabía lo que le pasaba, lo que quería hacer con su vida, qué camino tomar…

Cuanto más se adentraba en la noche, más pánico le entraba y más tensión sentía.

Por eso a menudo pasaba noches enteras sin dormir.

Ya no podía más…

Curiosamente al día siguiente, cuando llegaba al trabajo y se metía en su taréa, todos esos síntomas desaparecían. El psicólogo escuchó atentamente todo lo que el señor decía.

Cuando hubo terminado, le dijo:

– “Usted se ríe poco”.

Y añadió la siguiente sugerncia:

-” En la ciudad hay un humorista muy famoso y buenísimo. Todos los que han ido a verlo han salido llorando de risa.

Antes de inciar ninguna otra terapia, yo recomiendo a mis pacientes que vayan a verle.

Con este humorista olvidan sus problemas, las cuestiones intrascendentes y la risa les aleja del miedo, de la angustia, de la depresión.

Así que vaya a verle. Ríase.

Disfrute con él y despues, si todavía lo cree necesario, iniciaremos un tratamiento”.

Cuando el psicólogo terminó de hablar, el señor se quedó un buen rato callado, todavía más triste y cabizbajo.

Por fin levantó la cara, cubierta de lágrimas y con mucho esfuerzo respondió

– Ese humorista soy yo.

(F. Botella )

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¡ Cuantas cosas se desprenden de esta historia!

A veces nos desvivimos por los demás y nos olvidamos de nosotros, nos ocupamos de todos y ¿qué pasa con nosotros?

Quizás damos una imagen que no es la nuestra, nos olvidamos de observar qué nos pasa por dentro, de expresar lo que queremos y sentimos. Hacemos reir al otro cuando lloramos por dentro.

¿Porqué no somos más auténticos? ¿ A qué tememos?  ¿Qué pasaría si nos ocupáramos más de nosotros mismos ? ¿No seríamos mejor personas? ¿ No tendríamos más que dar? ¿ No sonreiríamos de una forma franca? ¿No tendríamos el corazón y la mente más ligeros?

Esta es mi reflexión

¿Cuál es la vuestra?

¿Quien soy yo sin mi violonchelo?

Leyendo a Carlos G. Vallés, me tropecé con una reflexión que quiero compartir con vosotros.

Jacqueline du Pré, sin duda la mejor concertista de violoncelo de la historia de la música. Desde muy niña su pasión fue el violoncelo y pronto se convirtió en una concertista admirada en todo el mundo. Conoció a Daniel Baremboim, se enamoraron y se casaron. A los 27 años se le diagnostica esclerosis múltiple, enfermedad que la llevaría a la muerte quince años más tarde y que le hizo abandonar su carrera.

El no poder tocar más el violoncelo truncó su vida, al quedarse sin él, se quedó también sin personalidad.

¿Quién soy yo sin mi violoncelo? se preguntó. Toda su vida, desde su más tierna infancia giró en torno a él y cuando no pudo seguir tocándolo se hundió. Intentó retomar su vida, volver a afirmarse como persona. Pero ya fue demasiado tarde.

El violoncelo es un buen ejemplo de que algo que en sí mismo es bueno y útil y enriquecedor, puede convertirse en una cárcel, en algo que nos  impida crecer en otras direcciones.

Preguntémonos ¿ Cuál es nuestro violoncelo? : Costumbres, gustos, tradiciones, miedos, aficiones, formas de ser, actividades, actitudes. Todo aquello que nos impide ir en otras direcciónes, ver otras perspectivas, ampliar nuestro horizonte.

¿Porqué limitarnos al violoncelo si tenemos toda una orquesta?