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Metáfora de la carreta vacía

 

Alejandra caminaba con su padre cuando éste, de repente, se detuvo en una curva del camino. Después de un breve silencio le preguntó:- Además del cantar de los pájaros, ¿qué oyes Alejandra?

La niña paró, aguzando sus oídos. Después de unos segundos respondió:

– Papá, estoy oyendo el ruido de una carreta que se acerca.

– Muy bien – respondió su padre -. Tienes razón, se está acercando una carreta vacía.

Alejandra, asombrada, preguntó a su padre:

– ¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la has visto?

Entonces el padre respondió:

– Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por el ruido que hace. Cuanto más vacía está la carreta, mayor ruido hace.

Alejandra se convirtió en adulta y, siempre que veía una persona interrumpiendo una conversación y hablando demasiado de sí misma, de forma inoportuna o violenta, o presumiendo de lo que poseía, tenía la impresión de oír la voz de su padre diciendo:

– Cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace.

Autor desconocido

Todos conocemos a alguien  que nunca deja de presumir de lo que posee o que habla siempre de sí misma. Nadie está más vacío que aquel que solamente está lleno de sí mismo.

Seamos humildes, reconozcamos lo que somos, lo que tenemos y agradezcámoslo. No nos vanagloriemos ni presumamos de ello, o correremos el riesgo de que nuestra carreta se vaya vaciando.

La Carreta vacía
La Carreta vacía

La asertividad I

A todos nos ha pasado con mas o menos frecuencia que no hemos sido capaces en determinada situaciones de decir lo que pensamos. No hemos sido asertivos.

La asertividad es una estrategia de comunicación que nos permite defender nuestros derechos y expresar nuestra opinión, gustos e intereses, de manera libre y clara, sin agredir a otros y sin permitir que nos agredan. Una conducta asertiva nos permite hablar de nosotros mismos, aceptar cumplidos, pedir ayuda, discrepar abiertamente, pedir aclaraciones y aprender a decir “no”.

La asertividad puede entrenarse, podemos aprender a decir lo que pensamos, a defender nuestros derechos, a expresar nuestras opiniones. Comprobaremos como al hacerlo vamos encontrándonos mejor al eliminar la ansiedad que suele provocar el no saber o no poder decir lo que queremos y sabremos relacionarnos mejor con nuestro entorno.

En nuestras relaciones con los demás podemos encontrar tres estilos de comunicación:

El pasivo: Son personas que no defienden sus intereses, que no expresan sus sentimientos verdaderos,que creen que los demás tienen más derechos que ellos mismo y no se atreven a expresar desacuerdos.

Estas personas no suelen recibir rechazo por parte de los demás y pueden aprovecharse de ellas fácilmente. Las personas que se comportan de esta forma presentan sentimientos de indefensión, resentimiento e irritación.

El agresivo: No tienen en cuenta los sentimientos de los demás. Acusan, pelean, amenazan, agreden, insultan. Nadie les pisa es verdad, pero nadie los quiere a su lado. A la larga se quedan solos.

El asertivo: Consiguen sus objetivos sin dañar a los demás. Se respetan a ellos mismos pero también a los que les rodean. Actúan y dicen lo que piensan, en el momento y lugar adecuados, con franqueza y sinceridad. Tienen autenticidad en los actos que realizan, están seguros de sus creencias y tienen la capacidad de decidir.

En muchas situaciones, aún queriendo ser asertivos, caemos en la pasividad o en la agresividad.

Te invito a reflexionar sobre cómo te comunicas, a averiguar cuál es tu estilo de comunicación. Es el primer paso para cambiarlo.

En siguientes entradas seguiremos reflexionado sobre la asertividad y cómo podemos lograrla.